Kodak: De inventora de la foto doméstica al olvido digital



Hay conceptos que se tatúan en el imaginario colectivo. Frases que trascienden el marketing para convertirse en parte de nuestra cultura. “Un momento Kodak” era una de ellas. Durante décadas, esa expresión no solo describía una foto digna de ser recordada, sino que encapsulaba la promesa de una marca: la capacidad de congelar la felicidad en un pequeño rectángulo de papel brillante. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando el ritual cambia y la marca se niega a verlo?
La historia de Kodak: de inventora de la foto doméstica al olvido digital es, más que un simple caso de estudio sobre innovación disruptiva, una tragedia griega con tintes corporativos. Un relato sobre cómo el éxito cegador del presente puede convertirse en la tumba del futuro. Es la crónica de un gigante que, sorprendentemente, vio venir la ola que lo hundiría, pero decidió ignorarla.
El gigante que pintó el mundo de amarillo y rojo
Para entender la caída de Kodak, primero debemos dimensionar la altura desde la que se precipitó. A finales del siglo XIX, la fotografía era un arte reservado para profesionales. Entonces llegó George Eastman, un visionario que quería hacer la fotografía tan sencilla como usar un lápiz. Su lema, acuñado en 1888, fue: «Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto».
Kodak vendió simplicidad al mercado, lo que encajó a la perfección en la vida diaria de la gente. Aunque su verdadero ingenio radicaba en el modelo de negocio que perfeccionó: el de “la cuchilla y el mango”. Vendiendo cámaras a bajo precio, Kodak se aseguraba un flujo constante de ingresos a través de los consumibles. Durante el siglo XX, Kodak dominó el mercado, convirtiéndose en un ícono cultural.
La paradoja: el futuro inventado y escondido en un armario
En 1975, un joven ingeniero llamado Steve Sasson creó una cámara digital que cambiaría el mundo. Sin embargo, cuando presentó su invención a la alta dirección de Kodak, la reacción fue un mezcla de curiosidad y pánico. Su invento representaba una amenaza existencial para el imperio de la película química, y la dirección decidió ignorarlo.
Este episodio es un claro ejemplo de lo que se conoce como “la miopía del éxito”. Kodak estaba tan centrada en optimizar su producto estrella que no supo ver que alguien, tarde o temprano, construiría un nuevo paradigma. Paradójicamente, Kodak ya tenía los planos de esa nueva máquina.
El Dilema del Innovador en carne propia
Kodak es el ejemplo de libro de texto para explicar “El Dilema del Innovador”. Las grandes empresas pueden fracasar no porque hagan las cosas mal, sino porque hacen todo bien según las reglas del juego antiguo. Kodak ignoró la emergente tendencia digital, enfocándose únicamente en mejorar sus productos más rentables.
Su cultura corporativa estaba anclada en la química, lo que resultó en que la dirección no pudiera ver el futuro. A pesar de sus esfuerzos, Kodak no supo adaptarse al cambio tecnológico y social que la rodeaba.
Lecciones aprendidas de un álbum de fotos olvidado
La historia de Kodak contiene lecciones poderosas para cualquier líder o emprendedor. Algunas de las más importantes incluyen:
  • No te enamores de tu modelo de negocio. Es una herramienta para crear valor, no tu identidad.
  • La cultura se come a la estrategia para desayunar. La cultura dentro de Kodak era un obstáculo para su evolución.
  • Escucha a los herejes internos. Las ideas que desafían el statu quo deben ser escuchadas y exploradas.
  • El futuro no pide permiso. No puedes negociar con un cambio tecnológico de gran magnitud.
La historia de Kodak es una advertencia que nos recuerda que ninguna empresa es demasiado grande para caer. Tenían la marca, el talento y la tecnología, pero les faltó la valentía para evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos.
Hoy Kodak sobrevive como una sombra de lo que fue, recordándonos que, en el mundo de los negocios, el “momento Kodak” puede adoptar formas inesperadas y fatales.